domingo, 22 de marzo de 2009

Es grande.. Muy grande..


El cielo caía sobre sus hombros, y sentía cómo ya nada importaba, cómo el viento, de todas formas, soplaba. Pero ni el aire ni las olas podrían llevarse de su vida esa verdad que era suya, esas palabras grabadas con fuego bajo su piel, esas lágrimas siempre húmedas sobre sus mejillas, esa visión, siempre nublosa, frente a sus ojos.
Sus días, que aún apenas habían comenzado, se deslizaban bajo unas oscuras y frías aguas, en las que poco a poco se sumergía, sabiendo que a cada paso que daba, la muerte le consumia, pero sin ser consciente de que la vida aún le tendia una mano a sus espaldas, en un último y desesperado intento de no perderlo para siempre.
Ya no miraria atrás, allí le esperaban demasiados recuerdos, que le seguian persiguiendo incluso a escasos pasao de ese triste final. No podía volver a girar la cabeza, volver a observar aquellos ojos que nunca le miraron, o, tal vez si, tal vez una vez sus miradas se cruzaron.. pero no, no podia volver a esperar que esa sonrisa se dibujase en sus labios. Sabia que se equivocaba, que todo el mundo buscaría palabras para él, palabras vacias, palabras que no quería escuchar, palabras que ya no tenian sentido, pues hacia tiempo que abandonó el mundo de los sentidos, hacia tiempo que no era capaz de oir, ni de ver, ni oler.. ni sentir.. más allá de esas aguas heladas que le paraban el corazón. UN corazón que latía con una melancólica monotía, un corazón que soñaba con que ese próximo latido fuese el último, un corazon, cansado de latir.
Y mientras el agua le cubría el rostro, mientras sus pálidas lágrimas se confundían con ese mar que sería su tumba, su mente tuvo un último aliento de paz, de descanso.. y en silencio, todo acabó.

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