Dejo ir un suspiro que se libera por el aire primaveral, situado entre la preocupación y la resignación. La indiferencia no reina en mi expresión, que muestra una versión desolada, con un gesto retorcido de dolor inéquivoco. Dolor por el miedo. Miedo por el dolor. Efectos secundarios de la soledad que me persigue, aún teniendo a miles de personas a mi alrededor. Contemplo la libertad de los pájaros que al volar, quizás por mi cabeza, me dan envidia. En el mundo humano, mayoritariamente uno no puede ser libre. Y es que uno no puede ser libre en un mundo de esclavos. Demasiadas mentiras.
El aire que respiro me lleva el recuerdo todo aquello que me puso el término "vivir, soñar y ser feliz" en primer orden de prioridades, y.. Qué rápido se esfuman los tiempos felices.. Se van en un abrir y cerrar de ojos, y recuperarlos es cuestión de muchisimo esfuezo y paciencia. Pero no puedo exigirme más a mi misma. Tan sólo me queda soñar. Y sueño. Sueño que soy un fénix, Sueño que puedo volar, ser libre perteneciendo a alguien y que resurjo sin esfuerzo de mis propias cenizas sistemáticamente cada vez que ardo.
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