
Andamos mil caminos descalzos y maniatados... Odio las noches extrañas. Esa típica noche en la que te sientes angustiada, preocupada, y ni tan siquiera tienes ganas de distraerte con nada. Te cuesta evadirte de esa sensación; sólo te fijas más y más en la rareza de todo. No te apetece ni desahogarte con la gente porque, al fin y al cabo, tampoco sabes a qué se debe ciertamente tu estado. Así que te tumbas, te aislas, y sólo quieres que pasen las horas para que llegue un nuevo día. Con un poco de suerte, tal vez duermas tranquila del tirón.
2 comentarios:
Hoy yo también estoy en uno de esos días: hosco, con malas vibraciones, yéndome solo a pasear sin un rumbo fijo...
He llegado hace poco a casa, me voy a tumbar en la cama, y ojalá me ocurra lo mismo que en la última frase de tu texto. Dormir de un tirón... y con la esperanza de despertar en un amanecer distinto, con una nueva sensación por descubrir.
Ya te lo contaré.
Mil besos
todos tenemos esas noches alguna vez en la vida, nunca dejes que sean las más, y si es así, pues entonces prende tu luz roja y busca auxilio en hacer lo que más amas: escribe.
un beso
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