viernes, 15 de mayo de 2009

Existencialidad..


A toda persona le llega el instante del apocalipsis. Cuando, tras tanto ocultarse entre sus personajes, olvida quién es. Se pierde el control, y se aprende a convivir con la ridícula línea que separa la ficción de lo real. Los personajes se vuelven demasiado débiles para cargar las ilusiones o los miedos propios. Y con la maleta hasta los topes, el escritor no encuentra alivio en sus criaturas. Por primera vez, el crepúsculo de la soledad se muestra visible. Surgen mil tentaciones, buscando que algún electrón extasiado cambie la polaridad de la situación. Pero no se trata de eso. Tan sólo es necesario, colocar el disco de quien eres y escucharte.
Catedral de Notre Dam, en su campanario quisiera vivir. Oculta, escribiendo sin cesar y con el anhelo como musa. Y lanzando desde mi torre esos textos sin firmar, para que pudieses saber que existo, sin saber que vivo. Tomar un diccionario de prejuicios, y saltarme la sintaxis y la gramática. Romper las leyes literarias, y que el alma de mis personajes vuelva a poder vestir todos mis coeficientes anímicos.
Teletransportarme hasta el Jurásico, y buscar entre los dinosaurios las cosquillas de mis textos. Que éstos rían. Y me exilien los que saben pronunciar las cosas, porque mi reflejo sólo es posible en mis historias, entre ficción y realidades, y no en las cuerdas vocales. Que se me folle el corazón como mínimo, y descansar en las playas de California mientras los protagonistas de mis cuentos disfrutan y sufren la belleza de mi galaxia existencial. Elevándome entre columnas de genialidad.

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