
Laberinto eterno en longitud, y con intermitentes en la salida cerrada, que es este transcurso del tiempo encima de mis párpados. El recorrido no sea quizás lo importante cuando los cielos grises hacen estragos y la diferencia entre puntos equidistantes, o tal vez, más cerca yo de ti, que tú de mí, es demasiado para esta asfixia emocional que se me llena de agonías. Y mientras negocio con la respiración para que sea más un susurro que un suspiro, se me han enganchado las uñas al hilo de ese ovillo que me salva de la pérdida del laberinto, una vez muerto el Minotauro. Ese Minotauro mío que, de no enfrentarme a él, va a acabar devorándome. Se fue colocando piezas, órganos, y tal vez algún disfraz, y al final resulta tener piernas, tronco y hasta cabeza, eso cuando no se viste de ambigüedad para parecerse a mi y hacerme entender que matarlo, sería también matar una parte de lo que soy yo misma. Y entonces qué me queda sino esa asfixia de estar atrapada entre una realidad y mi propia piel, cómo hacer para estrangular el monstruo que soy a veces, con la certeza a la vez, de que la bestia no soy yo sino los miedos que nunca supe mirar de frente, y después termino teniendo entre las manos sólo las horas de una lucha frágil que convierte el mérito propio en algo puramente circunstancial. Que quizá resolver el acertijo, entenderme entre marañas de posibilidades, no es cuestión de astucia o heroicidad. Que quizá, es empezar a desnudar estos ojos de cobarde.
"Y poco a poco, todo se viene abajo, incluso aquel muro infranqueable, a ganado en elasticidad. Y yo, inmovil. Quieta, como una estupida sin razón. He luchado contra eso.. pero a estas alturas, puedo decir, que ya no puedo más..
Tiendo a justificarme con un "lo siento", tiendo a creerme que con eso, todo está perdonado, pero hay cosas que no se olvidan, ni tu.. ni yo.."
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