domingo, 14 de junio de 2009

¿Miedo..?


Cómo sabes si la realidad es esto cuando los colores no son colores porque se difuminan y parecen casi polvo de estrellas, o esa desintegración que los hace lágrima de gotas de lluvia. Cómo sabes si quieres que sea verdad o mentira. Piedra, papel o tijera, si no tengo más que una mirada de doble filo que recorta esta certeza tan creíble a modo de denuncia, de aviso en letras fluorescentes que dice "esto no puede ser verdad", pero y quién le discute a la ilusionista que tengo dentro, que no sea una barbaridad omitir estas secuencias soñadas que no se las cree ni ella. Y a fin de cuentas, no es que quiera mentirme o contarme el cuento a medias, dejándome esas burradas que estropean siempre lo mágico, es que ella no sabía dónde mirar cuando me miraba.
¿Ves? Eso es lo raro, que hasta los detalles a callar quedan bonitos si hablamos de que aún no sé a que mundo fui cuando ni tenía idea de estar en un mundo diferente. Todo lo que no encajo es lo que me hace creer que de verdad estuve fuera de este planeta, si acaso estar recluida en el espacio es tan raro como sentirse al borde de esta superficie que me sostuvo, aunque a veces se deformara, y yo flotara un poco. Que no voy a ponerme romántica, que hablo de flotar como consecuencia lógica de la pérdida de gravedad, porque todo era tan fácil cuando te miraba. Aunque realmente, ¿Qué era difícil? Si le cambié el color al cielo, y puse mucha verdad en lo que parecía de mentira. Y sin embargo, no soy capaz de definir nada de esto, a pesar de que ni siquiera sea necesario después de confesar mi pequeño choque contra el suelo. Es sólo que a veces, me da miedo perder de la memoria todo lo inclasificable, que ya de por si ocupa bastante espacio, y no es que me asuste errar al precipitar palabra alguna al aire, para ponerle letras a esto, es que, de verdad, no sé cómo hacerlo. Y esa es la cosa, que yo no sabía nada, la cosa es que era extraño, pero era, y que fuera sin más, lo hacía más extravagante aún, como si yo estuviera acostumbrada a eso: a lugares que apenas recuerdo y que en un tiempo fueron mi casa, a tu risa. Como si para mí fueran normales los relojes de minuteros lentos hasta que vienes, y rápidos cuando casi te vas, como si media hora fuera una cantidad atemporal, que no encuentro medidas si quiero calcularla: ni las palabras por minuto me sirven, ni las miradas por palabra, y ni siquiera, el sonido de abrazarme a ti, los látidos por centímetros menos lejos de tu cuerpo. Y sentir que todo se ha perdido.. y que nada volverá a ser como antes es, os lo aseguro, es el peor miedo a vivir.

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