
Cuando el silencio nos atropella, a pesar de los avisos. A pesar de haber creído en la casualidad. Porque es aquello que no esperamos lo que nos cambia. Lo que nos hace sonreír, o puede que llorar. ¿Quién puede darle importancia al resto entonces? El resto queda olvidado. Notamos nuestra propia pérdida. Hacemos memoria luchando por encontrarnos. Una ligera molestia en el pecho, una acumulación de palabras que quisiéramos decir. Un conjunto de respuestas que esperaremos siempre encontrar.
Déjame, porque puede que no vuelva a sonreir..
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