domingo, 13 de septiembre de 2009

Realidad..


Se sentía prisionera de sí misma. De cualquiera de sus dudas que habitaban en ella y que hacían por volverla loca con sus contradicciones. Se veía excesivamente pesada en todos los sentidos de la palabra. Las noches eran la peor franja horaria, sus ojos, sus grandes ojos se habían hecho diminutos con el trascurso de las horas, él nunca preguntaba el porqué de esos ojos tristes, él sólo se fijaba en sus ojeras y se quejaba. Nunca había estado segura de poder dejar de quererle, en realidad nunca había estado demasiado segura de nada. La debilidad llegaba a ser peligrosa. Abusaba del verbo poder, y de las sonrisas pactadas como del azúcar en el café. La música la convertía en inmortal y héroina de un cuento irreal. Heroína de su propia y digna batalla al centro de la herida. Era principiante y tiempo después se cercioró de que fue la primera para ellos, para que se dieran cuenta de su capacidad para llegar más allá, para traspasar a cualquiera y darse cuenta de su don. Por eso se había sentido un mero objeto, un canal hacía algo mejor, en su casa, en la calle, en su vida, en la vida de ellos, en demasiados aspectos. Las amistades se evaporaban y eso tampoco es que importara mucho, al fin y al cabo quien queda al otro lado del teléfono a las dos de la madrugada es sólo alguien que se atrevería a ir a buscarla después de escuchar un "me he vuelto a perder". Ella se teñía el alma de pelirroja en el vago intento de querer renacer distinta, como marcada por una diferencia que la alejara de un colectivo que la dañaba. Era más felina que humana y eso también le había traído problemas. Había tratado sin embargo, de mezclarse con los demás, de intentar lidiar con un presente ya pasado, con un futuro jugoso. De puertas para fuera, era la ganadora de esa lucha antes de empezar, aunque sabía que le iba a doler menos la derrota que la afrenta, y a sabiendas de que no podía hacer nada contra un destino que ella mismo había escrito, fracasó. Los demás dijeron que había abandonado porque sabía de su superioridad, pero esa no era la verdad, al menos no la que ella había inventado para sí. Y después de otro jarrón de agua fría, de la sensación térmica de congelación, de la pérdida sensorial que padeció se dispuso a terminar el juego. Se despidió con un gesto suave, casi imperceptible, con una sonrisa tímida y haciendo callar a todos. Liberándose así del yugo que tarde o temprano volvería a por ella.


Realidad.. realidad.. realidad.. realidad.. P..

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