miércoles, 19 de mayo de 2010


Una realidad secreta es la proyección de la realidad subyacente sobre el plano de lo invisible. Su presencia es delatada por infinitesimales errores de cálculo, de anticipación del funcionamiento del mundo: una casualidad, una adjetivo, la duración de un silencio, el valor de una cifra. Su existencia es fugaz, y resulta negada por su declaración de tal: no es invisible del todo aquello cuya presencia se sospecha, ni evasivo una vez que su naturaleza fue establecida. La realidad secreta, llamada como tal, ya es parte de la realidad convencional.

Una realidad tácita es aberrante. Resulta de una dificultad para asimilar una realidad secreta, de la necesidad de negarla por motivos que varían de caso en caso. Una realidad tácita se sostiene en las sombras a fuerza de ignorar los indicios que la preceden, postergando indefinidamente su irrupción en el plano de lo aceptado, evitando la confrontación que confirma su existencia. Esta situación es indeseable y es insostenible en el largo plazo: la realidad aceptada comienza a derivar lentamente sobre la subyacente, agrietando la primera y carcomiendo su razón de ser (la segunda es absoluta, indestructible). Esta divergencia eventualmente cobra el carácter de hecho, y con su peso altera el curso futuro de la realidad subyacente; la presencia de la realidad tácita se hace entonces autoevidente, abandonando del todo el plano de lo invisible (sin perjucio necesario de su caracter tácito) y haciendo el daño finalmente irreparable..

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