
Nos observábamos desde las aceras, disimulando nuestras pérdidas. El vértigo inundaba mis pies. Se trataba de mi último desequilibrio emocional. Nos sentamos en mesas diferentes. Actuábamos como dos desconocidos. Ni siquiera nos mirábamos intensamente. El suelo estaba a punto de despedirse...si alguien debía consumirse era yo. Volaría lejos, tropezaría en plena carrera de obstáculos. Nunca hubo inicio. Nunca habrá final. Subiríamos a la azotea más alta e incluso nuestros respectivos gritos seguirían distanciándonos. ¿Qué es la distancia al fin y al cabo, un cúmulo de hechos imposibles?
-No te acerques. -respondimos al unísono mis sentidos y yo.- No merez...
-¿Qué no mereces?
-Te has enamorado de alguien sin corazón.
[De haberlo sabido- Quique González]
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