
Descubro mi inocencia sobre paredes impenetrables, es que la inercia me ha viciado, secuelas delicadas juegan al exceso en caminos desatendidos, mas líquido y alguna caliente crema en una casa lejana, riachuelos de placer que observan inmoviles el anochecer de los muérdagos entre mi falda.
Entre pausa y pausa quería besarla, sólo para arrebatarle la vanidad y ofrecerle lo desconocido.
Nunca supe de las garras frias de aquel porvenir de la mas temible órbita ardiente.
El asfalto me precipitaba un nombre, aunque no consiguio afectarme, lo devané sin perdón.
Prepotencia de reyes, inepto residente aunque, solo en ocasiones, ilustrado creador de sueños y mierda de la mendiga que fui, tímida, plebeya, reina de las meretrices profesionales y sobre todo, DEFECTUOSA.
No hay comentarios:
Publicar un comentario