Va, equilibremos la situación. Reconozcamos que todo ha sido fingido, que has sido un buen actor y que has manejado bien las piezas del juego. Admitamos que no lo hicimos tan mal y que por eso ahora nos llueven los premios, a los dos. Bueno, miento, más a ti que a mí, también porque tú eras director y yo una mera sustituta. Hagámonos algo de daño con palabras, con buenas palabras, de las que humillan, de las que queman, de las que no ofenden porque duelen. Tengamos la última batalla en una cama repleta de cristales, déjame a mí la peor parte, no rompas tu costumbre. Déjame el mejor papel para esta fase, incluidos los gritos, y luego quéjate de una escena que tú misma has escrito. Vuélvete a equivocar, vuelve a hacerlo bonito y luego entiérralo todo con un lacito, que se nos trague la tierra para que cuando te canses de actuar parezca que nunca haya existido, que parezca que nunca haya pasado. En definitiva, sigue haciendo lo que haces, sigue engañándote.
Lo mejor es que repito porque quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario