Frágil, como el débil suspiro que contuvo la noche,
fue anoche el recuerdo;
la ración de memoria que llegó de lejos
y quiso representar aquel día
de tu rabia y mi llanto.
Pedazos inconsistentes de un pasado
asomados a este ahora tan distante,
que el alma admitió sin duelos
con la serenidad de conocer
que los años invierten no en olvido
pero sí en diversificar lo sentido.
Plausible esta moderación,
este distinguir.
Preciar que la desolación de un amor
reverenciará un día la evocación del encuentro.
Pasajero, predestinado a morir
con el más leve síntoma de sueño,
fue anoche el recuerdo.
Certificación de que el tiempo pasa
y que yo puedo vivir sin tus besos.

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