sábado, 27 de junio de 2009

tan..


Lo más nefasto de este mundo abocado al desastre, es esa creencia ciega y loca, fe descarada que impulsa a creer en la imposibilidad de que te toque a ti la tragedia. Claro, mi muerte no va a llegar como todas las muertes que no se esperaban. No voy a ser yo a quien se le rompa la vida mientras pensaba que, romperse, sólo se le rompía a otros. Las familias desestructuradas viven en otra calle que no es la mía.
Sin embargo, el drama, enganchado a la casualidad o contaminado de consecuencia, es lo más universal que yo conozco. Después, ese principio de elasticidad nos condena a todos, y cuando digo todos, me refiero a que la desgracia tiene una fórmula mágica para extenderse a una humanidad entera. Y cuéntale entonces, que tu casa no está en el barrio de las calamidades, que no es el momento idóneo para esa fisura vital o que la muerte no te encaja en este instante.
Cuéntale, si tienes derecho. Si eres el único bajo las estrellas que está desnudo, y quiere morirse de pena. Desde luego, no seré yo la que tenga el valor de alzar la voz entre esa infinidad de gritos que se ahogan en un silencio impenetrable. Y callarme no es más que una inmersión en la justicia más suprema. Es cuestión de ausencia del dolor necesario, falta de gravedad que tiene mi drama; es desvestirme de ese egoísmo febril para afirma que me importas por ser parte de la misma eternidad que yo, que me importa tu tragedia, por eso es que no me duermo en una tristeza superflua de no "puedos" a destiempo y verdades que me digo a medias, por eso es que para ser justo contigo, no voy a llorar por esa adversidad a la que le es imposible absorberme, si la absorbo yo antes mientras prohíbo que te absorba a ti.

Cuando todo ocurra.. Mátame después.

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