
Ahora todo es caos y ninguna calada me deja buen sabor de boca. Las madrugadas más dulces, acaban siendo los amaneceres más amargos en semanas y todo resquicio de progreso sirve para apuntar en un diario malgastado por el tiempo, una nueva pérdida en un proyecto con demasiadas perspectivas y sueños. Preferí dejar de buscar un culpable y apuntarme a todos los segundos que me devolvieran algo más que otro suspiro inherente. Vivo entre décimas que apretan y no sé salir, ya se sabe. Lleva corriendo agua días enteros, sin que mi habitación esté lo suficiente inundada para darme por vencida en el juego. Las calles huelen a heridas mal cicatrizadas y tu sonrisa pasea por éstas sin dejar rastro alguno.Y es inútil condenarme, porque entre el recelo y el olvido hay más de un paso y menos quilómetros de los que quisimos desconocernos. Vuelves a desaparecer.. ya sólo nos queda el punto de no retorno..
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