domingo, 28 de marzo de 2010

¿Condena?


Caminamos y seguimos avanzando en el libro de la vida, escribiendo las horas transcurridas con capítulos que quisieras no haber escrito, otros, anodinos, y algunos con enorme orgullo.
Los socavones, sin duda quedan escritos con tinta gruesa, a veces, tan gruesa que rompemos el papel. Éste se queda apergaminado y a poco que muevas la hoja, aparece un agujero sin fondo, pero con letra bien clara de lo que allí sucedió.
Cuando hacemos recuento, porque hay fechas que proclaman ser distintas a otras, vuelves los ojos hacia tras, ves con nitidez, y te produce un sabor agridulce por eso de que el calendario según pasa te duelen las cosas, pero de otra manera, haciéndote leer del revés aquel capitulo que dejó marcado tu corazón. Te da por pensar que el hoy es por ese ayer borrascoso y que, sin él, nada del presente sería probablemente igual. ¿Consuelo o realidad? Tal vez ambas cosas.
Sin duda los momentos felices imprimen un sello especial que se escapa por tus poros irradiando luz a tu alrededor, pero aquellos momentos difíciles, nefastos que te rodearon alguna vez, inculcan un carácter singular, y cuando estás trepando para sobrevivir y miras hacia abajo, descubres que no se olvidan a esos seres pérfidos, injustos y peligrosos a los cuales una vez le entregaste tu lealtad, te desprendiste de tus horas personales para darlas a un miserable, y en el momento que ya nada pudo sacar de ti, te tiró literalmente a la basura
Ya no me engaño: yo tampoco olvido y llevo un año sin perdonar…

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