viernes, 16 de abril de 2010


Leve es el peso de la cuerda que me sostiene entre el Ser y el No ser, cabos que se van soltando y que con el tiempo me distancian de la sociedad, lo que me convierte completamente en algo asocial.
Confesiones estrepitosas -lo sé-, pero cierto es que sólo los recuerdos son lo que enlazan mi antigüo yo con el yo actual. Vivo en un mundo únicamente de sueños, de pensamientos y teorías que jamás podrán llevarse a la practica; lo que me une con ese mundo cuasimodo es que durante un largo periodo de mi vida, crecí en él, me relacione con personas en él, mi materialidad se desarrolló en él. Pero mi mente no, ella siempre vivió en ese mundo donde hacen falta alas para llegar, donde hacía falta desentenderse del lugar donde se encontraba encarcelado mi cuerpo para poder alcanzarlo; mi mundo soñado. Se puede decir que siempre ansie la libertad.
Fue una dura tarea concienciar a mi parte material de que el mundo en el que vivía -mundo caótico, funesto y ominoso-, lleno de guerras, odio y corrupción era un camino de espigas y no una buena tierra donde cultivar su fruto.
No fue la conciencia la que me hizo cambiar sino el tiempo. Con el tiempo me di cuenta de que odiaba a la sociedad, tanto como se odian los seres que viven en ella, pero de otra manera; la odiaba porque no podia dejarla atras, era un eterno retorno, empezar y acabar en el mismo sitio donde empece por primera vez.
Se que el mundo jamás cambiará; jamás sabremos respetarnos unos a los otros, jamás habrá una total libertad, jamás podremos desentendernos de nuestro instinto animal, jamás desaparecerán las mentes corruptas y la maldad, jamás desaparecerá el dolor...




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