
Tenía sexo en la mirada y fuego en los dedos. Olía como debe hacerlo la ambrosía mezclada con gasolina y sabía a mil alcoholes endulzados. Vestía normal, esgrimía seguridad y un poco de sucia inconformidad. Era de esos que se comen el mundo y no dejan ni los huesos.
Bébete los cubatas de magma.. se te derretirá el hielo.
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