martes, 13 de abril de 2010


Todos tenemos errores. Todos, absolutamente todos, tenemos, al menos, un fallo, algo que cambiar. Todos tenemos momentos malos alguna vez en nuestras vidas. Todos hacemos algo mal a lo largo del día por mil motivos: Falta de concentración, la cabeza en otra cosa, la tristeza, los actos involuntarios...Esto no le quita peso. Esto no sirve para decir "No está tan mal" o "No lo he hecho queriendo". Está claro que cosas de este tipo no se hacen queriendo. A nadie le gusta hacer las cosas mal. Pierdes. Siempre sales perdiendo. Pierdes confianza, felicidad, amor, pierdes caricias y besos, pierdes momentos, pierdes un mundo. Lo importante, desde mi punto de vista, es que te arrepientas de lo que has hecho. Si lo haces, es porque realmente no has querido hacerlo. Es porque te duele. Es porque has madurado lo suficiente como para darte cuenta de tus errores. A veces es imposible arreglarlo, y se nos queda marcado a fuego en la piel, en el corazón, y no se olvidan, ni con facilidad, ni moviendo montañas. Soy la primera que comete errores de este tipo, y, afortunada o desgraciadamente, casi siempre termino perdonandolos si me los hacen a mi. Escribo esto en forma de disculpa. Escribo esto de manera que, tarde o temprano, y supongo que será tarde, se me perdonen cosas que, por no ser yo misma, por estar como estoy, por aguantar lo que aguanto [y no con esto intento escusarme, si no dar a entender mi situación] he hecho sin querer y de las cuales me arrepiento.

Porque siempre es mejor admitir los errores y pedir perdón, aunque no se conceda, que ser la orgullosa mujer que cree que todo lo que ha hecho está bien, aunque con ello destroze a las personas.

No hay comentarios: